Un duendecillo despistado de Papa Noel que me ha regalado la posibilidad, ahora bastante complicada para mi dada mi situación, de compartir con mis niñas ver cine en pantalla grande, es un regalo que me ha alegrado el día porque como muy bien sabe ese duendecillo… una de las cosas que más echo de menos de mi cambio de status monetario es todo lo relacionado con la cultura porque desgraciadamente todo eso se paga caro en este bendito país… (respecto a mi tragedia de no poder comprarme libros ya en su día también hizo algo al respecto :-D).
Quiero decirle desde aquí aunque lo sabe de sobras… que le quiero y que Papa Noel debe estar orgulloso de él, ya que tiene el don de “saber regalar”, cosa nada sencilla.
Una persona a la que conozco hace poco tiempo (y que espero que no se ponga colorada :-P), pero que con su comprensión, su saber escuchar y su generosidad (no sé si podré agradecerle la posibilidad de apuntarme a un cursillo sobre hiperactividad), me hace sentir querida y me ha ayudado en momentos en los que yo necesitaba una amiga.
Una mujer fuerte, buena y paciente que día a día me apoya, me aguanta mis rabietas, mis inseguridades, mis cambios de estado de ánimo, y aunque me riñe a veces (como toda buena amiga que se precie), nunca me falla, siempre tengo su hombro y su cariño y nunca se cansa de mis contradicciones, ni de mis impulsos, y me repite día a día las mismas cosas aunque sepa que soy cabezota y no cambio.
Un hombre que siempre será para mi lo más especial, aunque ya no me dé un vuelco el corazón cuando escucho su voz, aunque ya no seamos lo que fuimos, quien mejor me conoce y me entiende, esa persona en la que pienso cuando todo parece que se va a derrumbar, el personaje enfocado en mi vida mientras lo demás se diluye, mi refugio, aquel que me quiere conociendo mi esencia.
Gracias a todos los que me quieren, faltan aquí tantos… pero hoy tenía motivos para hablar de mis cuatro mosqueteros.
En realidad me pregunto que fui en otras vidas para merecer tener los amigos que tengo…
Derramado por Zarem