Ahí va un post larrrgooo, avisados quedais :-P.
Los que me conoceis ya estais acostumbrados a que me meta en todos los ajos, así que no os extrañará que me haya apuntado a una iniciativa que desde el primer momento me pareció interesante.
Se trata de escribir un relato entre todos los blogueros que lo deseen, cada capitulo es previamente votado.
En este tercer capitulo he sido seleccionada junto a “Yo seré bruja” por la promotora del invento: Pluma de ave para contener las proposiciones de continuación en un tercer capitulo. (Como siempre me habré explicado como el culo.. así que visitais a pluma de ave que lo hace infinitamente mejor).
PRIMER RELATO BLOGUERO - Capítulos 1 y 2
TÍTULO: QUIÉN ES TU PADRE?
Capítulo 1
Miguel bajó corriendo las escaleras de la oficina, Esperaba la llamada pero aún así se sobresaltó al escuchar el timbre del teléfono sonando insistentemente. Había estado toda la mañana pendiente de Laura, haciendo que la muchacha sonriera pacientemente cada vez que le veía acercarse: no, nadie de su casa había llamado todavía. Intentó centrarse en el trabajo queriendo que las horas fueran algo más cortas. Su mujer había pasado la noche muy inquieta y él saltó de la cama cada vez que la notó moverse, pero todo eran falsas alarmas. Por la mañana, en el desayuno, vió las ojeras de ella pero su voz, la misma que le había enamorado junto con todo lo demás le aseguró que se encontraba bien, y ante su insistencia en quedarse en casa casi le echó con la más amplia de las sonrisas en su rostro.
Los compañeros le gastaron bromas intentando distraerle, pero apenas consiguió apartar los ojos de la centralita, donde Laura cogía una tras otra las líneas que nunca paraban de sonar. De pronto los ojos de la chica fueron directos hacia él, buscándole, y supo que lo que había estado esperando durante tanto tiempo por fin había llegado.
No conseguía encontrar las llaves del coche entre sus bolsillos y eso terminó de hacer que sus nervios se dispararan. Salió como un poseso del garaje y se dirigió a toda velocidad hacia su casa. El móvil comenzó a sonar y una voz conocida le dijo que iban en una ambulancia camino del hospital. El parto se había acelerado y era ya inminente. Ni siquiera recordaba dónde estaba la clínica. Paró en un semáforo y trató de poner en orden su mente, giró en la siguiente rotonda tomando el camino inverso hasta entonces y pisó a fondo el acelerador.
El día que conoció a Emilia supo que era la mujer de su vida y todo su empeño fue que se fijara en él. Lo cierto es que no le costó demasiado a pesar que la muchacha siempre estaba rodeada de moscones que trataban de halagarla. Pero ella también le vió a él y la química entre los dos se produjo sin mayor esfuerzo. Al poco tiempo sabían que sus vidas estarían unidas para siempre, y al año se casaron. Hablaron de tener hijos enseguida, pero no siempre se consigue todo con la voluntad, y el crío se hizo esperar. Pronto se cumplirían ocho años de la boda.
Miguel sonrió abiertamente al recordar el instante en que su mujer le dijo que estaba embarazada. Habían hablado muchas veces de recurrir a sistemas de fecundación, incluso llegaron a ir a un médico especialista, pero a él no le habían gustado nunca ese tipo de cosas y se opuso desde el principio; estaba convencido que más pronto o más tarde conseguirían tener un hijo como todo el mundo.
Una mañana notó algo extraño en Emilia pero no supo achacar a qué era debido. Se marchó a la oficina y al rato había olvidado el comportamiento inusual de su esposa. Cuando volvió a casa al mediodía de nuevo notó algo distinto en ella, le preguntó y sólo recibió como respuesta una sonrisa y la mirada llena de no sabía qué. Ya en el café le obligó a sentarse en el sofá y comenzó a hablarle sin prisas pero en un tono que no le conocía. Esperaba un hijo. Lo que el hombre sintió en esos momentos fue tan inenarrable… que se echó a llorar como un niño.
Y ahora por fin iba a conocer a ese hijo. No tenía que haber ido a trabajar esa mañana, pero Emilia le aseguró que no pasaría nada en muchas horas y él siempre había oído decir que las mujeres saben mucho de eso. Aparcó el coche y salió corriendo hacia la puerta principal del hospital. Apenas conseguía que la señorita que le escuchaba sonriente le entendería, pero al final logró explicarse. Su mujer estaba en el paritorio y todo iba bien, le dijo.
En la sala de espera había otro hombre que parecía muy tranquilo, sentado, leyendo una revista. Le miró y apenas cruzaron ambos una especie de gruñido. A los pocos minutos llegó una mujer ya entrada en años y vestida de blanco, dijo un nombre, el hombre se levantó y oyó sin un solo gesto que había tenido una niña. Miguel le escuchó “otra!” y vió el gesto de fastidio del desconocido. Se quedó solo en la sala.
Casi habían pasado dos horas y seguía dando vueltas sobre sí mismo sin que nadie se acordara de venir a decirle algo. Pensó en salir de allí y preguntar, pero igual en ese momento venían a buscarle y él no estaría, por lo que decidió esperar un poco más sin hacer nada. Media hora más tarde vió venir a la misma mujer vestida de blanco de antes, que le miró con gesto austero. El doctor vendría en un momento. No, no podía darle ninguna información. La vió dar media vuelta e irse mientras no paraba de repetir aquellas palabras. Casi no le dio tiempo porque enseguida vió aparecer a un hombre canoso, alto y que mostraba preocupación en su cara. Hizo que se sentara en una de aquellas incómodas sillas y empezó a hablar sin que Miguel consiguiera entender bien sus palabras.
Le habían acompañado a una pequeña salita donde se había vuelto a quedar solo. Todavía resonaban en su cabeza las palabras de aquel médico. Tuvieron que llevar a Emilia al quirófano, algo se había complicado, hicieron todo lo que pudieron pero… se había ido. En su estupor miró a aquel hombre y le preguntó: “Ido… adónde?”
En la puerta apareció una enfermera llevando algo en los brazos, le sonrió levemente y le alargó el envoltorio comunicándole que era su hijo. ¡Su hijo!. ¡Tenía un hijo!. Por un momento olvidó la pena por la ausencia de Emilia y su corazón brincó embargado por la emoción. Cogió con cautela aquel pequeño ser que había costado la vida a su madre y le miró. ¡Era negro!
Autora: PLUMADEAVE
Capítulo 2
- Es negro…
Miguel no sabía como tomarse los últimos acontecimientos. La enfermera miraba al suelo, luego a la pared y otra vez al suelo, quería irse y no sabía como.
- Pero es negro. – Repitió Miguel.
- Es un bebé precioso señor.
¿Me está tomando el pelo? Claro que lo era, era un ángel, pero físicamente, era imposible que fuera su hijo.
- Se habrá equivocado señorita, yo soy blanco, ¿no lo ve? Y mi esposa también es… -Tuvo que obligarse a pensar, su esposa ahora “era”.
Dejó en lo más profundo de su corazón aquel dolor punzante y prosiguió:
- No es posible. Se ha equivocado de bebé.
El niño dormía plácidamente, había callado nada más llegar a sus brazos, pues había venido berreando llevado por la enfermera.
- Tendrá usted que hablar con el doctor, yo no puedo hacer nada al respecto. Lo siento.
Estuvo un rato observando al niño, pensando, todo su orgullo de padre, se estaba convirtiendo en vergüenza, ¿debería ahora decir que su difunta esposa era negra? ¿Quemar todas sus fotografías? ¿Mentir a familiares y amigos, a los propios padres de Emilia y convencerles de que siempre fue negra?
Al rato ya estaba concibiendo teorías, a cuál más descabellada.
Quizás se tratara de un caso, había leído sobre aquello en algún periódico, como el de la pareja afro americana que tuvo tres hijos, todos albinos. Podía haberles sucedido lo mismo a Emilia y a él, con un niño moreno.
Quizás, habían cambiado a los bebés. El doctor tendría que atender muchísimos casos, se vio desbordado, tuvo que recurrir a su padre, antiguo médico militar, un señor mayor, retirado. La zona de maternidad no se veía demasiado poblada de médicos, pero en cambio había muchas pacientes. El padre no veía bien, el doctor era joven, nuevo e inexperto. Imaginó un bebé chino en casa de una pareja de senegaleses, un bebé blanco donde los chinos, y por eso, él tenía el negro.
Se engañaba a sí mismo, por no ver la realidad más simple: Emilia había recurrido a un banco de esperma, al creerle impotente y el doctor, doctora, carnicero o lo que fuera que dijese el diploma colgado en su despacho, cogió el tubo de ensaño donde podía leerse: “alto, apuesto y fuerte; por cierto, broncea bien”. Tenía que ser eso.
La enfermera debió apiadarse de él, pues llegó el doctor que había atendido el parto. Le aseguró que aquel niño había sido etiquetado nada más nacer, que era suyo, no había duda.
Miguel seguía sin poder creerlo. Al fin, tras un incomodo mutismo, preguntó al médico:
- ¿Ella lo vio?
El otro meneó afirmativamente la cabeza.
- ¿Y no dijo nada doctor?
Negación. Después dijo al preocupado padre:
- Estaba muy cansada, pero no parecía sorprendida. –
Al poco añadió:
- Es un tema delicado señor, pero si quiere, podemos hacer una solicitud de adopción… Los servicios sociales se encargarán de todo.
Miguel pareció despertar de golpe, como si todo ese tiempo hubiese estado soñando, dejando que su inconsciente jugara a su antojo.
Se levantó, apretó al bebé contra su pecho rozando con la mano su diminuta mejilla, se dirigió al ascensor y los dos desaparecieron del hospital.
Autor: CONFESIONES DE UN PERIODISTA
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Y aqui mi propuesta para el siguiente capitulo…
CAPITULO 3
Caminó lentamente hasta el aparcamiento, ahí estaba su coche, preparado con el capazo que tan amorosamente había comprado con Emilia, esa tarde en la que el bebé se movió por primera vez dentro de ella, recordó su alegría al sentir que algo vivo y suyo… suyo? tragó saliva y miró de nuevo al niño, en la esperanza de que todo hubiera sido una pesadilla.
Era precioso, cálido, frágil y parecía mirarle.
Lo acomodó cuidadosamente y arrancó, miles de pensamientos acudían a su mente, ya no le importaba el color del niño, él había vivido nueve meses pendiente de cada movimiento, de cada milimetro que crecía, era suyo.
Al llegar a casa recibió la llamada de su hermana, contestó automáticamente a sus preguntas: Si, el niño estaba bien, no, Emilia no tanto, si, ya estaban en casa, no, no quería que acudiera a ayudarle. La conversación le hizo pensar en la reacción de la gente, de su familia, tal vez no entenderían que no lo hubiera dejado alli…
Y de repente tomó una decisión, encendió el ordenador, escribió en el buscador: “donde ir”. Pensó… el resultado 6, eso marcará mi vida con… se dió cuenta de que no tenía nombre, ¿era niño? ¿niña? Apartó con una mano el pañal… niño, ¿Que nombre habían pensado si era niño? No importa… le llamaría Miguel., al menos eso les uniría.
Intro…
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Tenerife… ese era el resulltado 6…
Un lugar donde nadie le preguntaría por Emilia, donde podían empezar una nueva vida juntos, pensar en su esposa muerta le ocasionó un nuevo pinchazo en el corazón, y Miguelito lloró justo entonces… no llores mi niño… estaremos bien, si, muy bien.
Fué al dormitorio y comenzó a sacar ropa del armario a puñados, metiendola en la maleta sin orden, quería marcharse ya, la decisión estaba tomada…
Una ducha… eso despejaría su mente que ahora mismo viajaba a la velocidad de la luz… se arrancó la ropa febrilmente y de repente… no, no es posible… una sombra negra iba avanzando por su pierna,¿ la coloración de su piel estaba cambiando?, empapó una toalla en el lavabo y empezó a frotarse energicamente, no… no había duda, la mancha avanzaba lentamente, de rodillas para abajo ya era como Miguelito… se sentó en la taza y dejó que las lágrimas fluyeran…
Si alguien tiene una opción mejor… cosa altamente probable, puede dejarla en los comentarios de este post o en las páginas antes mencionadas.
Derramado por Zarem